SISTEMA NERVIOSO CENTRAL
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Fisiopatología del Parkinson y su impacto clínico actual

Fisiopatología del Parkinson y su impacto clínico actual

La fisiopatología de la enfermedad de Parkinson se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, lo que altera el equilibrio de los circuitos motores de los ganglios basales. Esta deficiencia de dopamina provoca disfunción en las vías directa e indirecta, originando síntomas motores como temblor, rigidez y bradicinesia.

Entre los mecanismos implicados destacan la disfunción mitocondrial, la acumulación de α-sinucleína y la desregulación del calcio intracelular. El diagnóstico sigue siendo principalmente clínico, basado en la evolución neurológica del paciente y la exclusión de otras causas de parkinsonismo. 

¿Cuál es la fisiopatología de la enfermedad de Parkinson?

De acuerdo con el Paris Brain Institute, la enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente a nivel mundial, con una prevalencia que aumenta exponencialmente con la edad, alcanzando aproximadamente el 2% en personas mayores de 80 años.

Este diagnóstico se caracteriza por la pérdida progresica de neuronas productoras de dopamina localizadas en ciertas regiones del Sistema Nervioso Central (SNC), como en la región pars compacta de la sustancia negra.1 Asimismo, la degeneración que sufren las neuronas dopaminérgicas podría estar relacionada con la disfunción mitocondrial, la agregación de α-sinucleina, estrés del retículo endoplasmático o la desregulación de la homeostasis intracelular de calcio.2

La disfunción mitocondrial se relaciona con la disminución de la actividad del complejo I de la cadena transportadora de electrones, un mecanismo similar al  MPTP, toxina que causa parkinsonismo y, a su vez, la muerte de neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra.2

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La α-sinucleina está asociada con la exocitosis de las vesículas sinápticas y la liberación de neurotransmisores. La proteína α-sinucleina que codifica mutaciones en el gen SNCA, produce una mala agregación junto con unas fibrillas conocidas como cuerpos de Lewy, las cuales se acumulan y podrían desencadenar un efecto neurotóxico. Por otro lado, la desregulación de la homeostasis intracelular de calcio produce la activación de enzimas que origina una cascada apoptótica en las neuronas.2 

Las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra pars compacta pertenecen a la vía nigroestriatal proyectada hacia los ganglios basales. Generalmente, la  liberación de dopamina produce una inhibición sobre las neuronas estriatales con receptores D2 (vía indirecta), dicha inhibición disminuye en la EP debido a la deficiencia de dopamina.1,2 Por otra parte, la dopamina también ejerce un efecto excitatorio sobre las neuronas con receptores D1 (vía directa); al ocurrir una  disminución en la acción dopaminérgica sobre estas neuronas con receptores D1,  se mitiga la acción inhibitoria de las neuronas estriatales sobre el globo pálido  interno (GPi) y la sustancia negra pars reticulata,1 lo que permite que este último  emita impulsos excitatorios a la corteza motora y, así finalmente, generar una  actividad motora en forma de temblor.2

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Diagnóstico de la enfermedad de Parkinson  

La Sociedad de Trastornos del Movimiento (MDS) indica que el diagnóstico definitivo de la EP no es completamente posible, entre un 75 % y un 95 % de los diagnósticos en pacientes se confirmaron mediante un estudio anatomopatológico.

A pesar del avance tecnológico en el campo médico, técnicas como la imagen por resonancia magnética (IRM) no es beneficiosa para el diagnóstico de la EP.  Usualmente, la IRM o la tomografía computarizada se encargan de descartar lesiones cerebrales y otras causas del parkinsonismo.3 

El inicio de la EP es lento y progresivo, dentro de los principales signos motores iniciales se encuentra el temblor de reposo, que es la manifestación inicial más  frecuente; generalmente inicia en una extremidad, y luego, aparece en los labios,  mandíbula, lengua e incluso, alguna extremidad inferior. De igual forma, la rigidez,  que es causada por un incremento del tono muscular que perjudica a todos los  grupos musculares. En la EP, esta resistencia está presente a lo largo de todo el  movimiento.4 

Cuando la EP inicia antes de los 40 años se define como “EP de inicio temprano” y  sus características en la manifestación de la enfermedad son las mismas que en  pacientes de mayor edad. Para lograr el diagnóstico de la EP en pacientes  menores de 40 años, primero se deben descartar otras causas de parkinsonismo juvenil, como la enfermedad de Wilson; o enfermedades neurológicas hereditarias  como la enfermedad de Huntington o la enfermedad de Machado-Joseph.4

Aunque la falta de precisión en el diagnóstico de la EP aun es materia de estudio,  este sigue rigiéndose mediante la exploración neurológica y el imperioso  seguimiento del paciente, basándose también en los principales criterios de las  manifestaciones clínicas que permiten una mayor precisión en el diagnóstico de la  enfermedad.4

¿Por qué aparecen los síntomas motores en la enfermedad de Parkinson?

Los síntomas motores característicos de la enfermedad de Parkinson —bradicinesia, temblor en reposo, rigidez e inestabilidad postural— se relacionan directamente con la alteración funcional de los ganglios basales, estructuras cerebrales responsables de la regulación del movimiento. La disminución de dopamina modifica el equilibrio entre los circuitos excitadores e inhibidores que participan en la ejecución motora.

En condiciones normales, la dopamina modula dos vías principales dentro de los ganglios basales: la vía directa, que facilita el movimiento, y la vía indirecta, que ejerce un efecto inhibidor. Cuando se produce la degeneración dopaminérgica, la actividad de la vía directa disminuye y la vía indirecta se vuelve relativamente predominante. Como consecuencia, aumenta la inhibición del tálamo sobre la corteza motora, lo que se traduce clínicamente en lentitud de movimientos y dificultad para iniciarlos.2

Con la progresión de la enfermedad, la pérdida neuronal continúa y el desequilibrio de estos circuitos se hace más marcado, lo que explica la evolución gradual de los síntomas motores y la aparición de otras manifestaciones como alteraciones de la marcha, trastornos posturales y fluctuaciones motoras relacionadas con el tratamiento.

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Referencias

  1. Rotondo J, Toro M, Bolívar M, Seijas ME, Carrillo C. Dolor en la enfermedad de  Parkinson. Una mirada a un aspecto poco conocido de esta patología. Rev Soc Esp del Dolor. 5 de abril de 2019;26(3):184-198. 
  2. Marín DS, Carmona H, Ibarra M, Gámez M. Enfermedad de Parkinson:  fisiopatología, diagnóstico y tratamiento. Rev Univ Ind Santander Salud. 15 de  febrero de 2018;50(1):79-92.  
  3. Rodríguez PL. Diagnóstico y tratamiento médico de la enfermedad de  Parkinson. Rev Cub Neurol. 2020;10(1):1-18. 
  4. Pastor P, Tolosa E. La enfermedad de Parkinson: diagnóstico y avances en el  conocimiento de la etiología y en el tratamiento. Rev Med Integr. Febrero de  2001;37(3):104-117.