La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el uso racional o adecuado de los antibióticos (ATB) como el uso “costo-efectivo” de los antimicrobianos, al disminuir sus efectos adversos.1 El uso incorrecto de los ATB trae consigo diversas consecuencias, entre ellas: malos resultados terapéuticos, efectos adversos o tóxicos y hasta un impacto negativo a nivel económico.1
El cambio de antibiótico es una práctica clínica que consiste en sustituir un medicamento antimicrobiano por otro durante el tratamiento de una infección. Esta decisión puede tomarse por diferentes razones, como la falta de respuesta clínica del paciente, la aparición de efectos adversos, los resultados de cultivos y antibiogramas, o la necesidad de ajustar la terapia a un espectro más específico para disminuir el riesgo de resistencia bacteriana.
Modificar un tratamiento antibiótico no significa solo reemplazar un fármaco. También implica evaluar factores como el microorganismo causante de la infección, la sensibilidad a determinados antibióticos, el sitio afectado, la condición clínica del paciente y la seguridad del tratamiento. Además, una elección adecuada contribuye a optimizar la eficacia terapéutica, reducir complicaciones y evitar el uso innecesario de antibióticos de amplio espectro.
En este contexto, el uso racional de antibióticos se ha convertido en una prioridad para los sistemas de salud a nivel mundial, especialmente frente al aumento de bacterias resistentes y al impacto clínico y económico asociado con el uso inadecuado de estos medicamentos.
El cambio de antibiótico puede ser necesario cuando el tratamiento inicial no está generando la respuesta esperada o cuando existen factores clínicos y microbiológicos que obligan a ajustar la terapia.
Esta modificación debe realizarse bajo supervisión médica y basarse en una evaluación integral del paciente, la infección y el comportamiento del microorganismo involucrado.
Una de las principales razones para cambiar un antibiótico es la falta de mejoría clínica. Si después de 48 a 72 horas el paciente continúa con síntomas, fiebre persistente o signos de progresión de la infección, puede ser necesario reevaluar el tratamiento instaurado y considerar un medicamento diferente.
También puede requerirse un cambio cuando los resultados de cultivos y antibiogramas muestran que la bacteria causante de la infección es resistente al antibiótico utilizado inicialmente. En estos casos, el tratamiento debe ajustarse a un medicamento con mayor sensibilidad y eficacia frente al microorganismo identificado.
Otra situación frecuente ocurre cuando el paciente presenta efectos adversos, como reacciones alérgicas, toxicidad o intolerancia al medicamento. Dependiendo de la gravedad del evento, el médico puede decidir suspender el antibiótico y sustituirlo por una alternativa más segura. En algunos casos, también se modifica el tratamiento por factores relacionados con el paciente, como enfermedades renales o hepáticas, interacciones medicamentosas, embarazo, edad avanzada o condiciones inmunológicas que requieren ajustes en la terapia antimicrobiana.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el uso racional o adecuado de los antibióticos (ATB) como el uso “costo-efectivo” de los antimicrobianos, al disminuir sus efectos adversos.1 El uso incorrecto de los ATB trae consigo diversas consecuencias, entre ellas: malos resultados terapéuticos, efectos adversos o tóxicos y hasta un impacto negativo a nivel económico.1
En el momento de realizar una selección adecuada de un ATB es imperativo considerar los siguientes aspectos:1
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Para obtener una máxima eficacia en el tratamiento antibiótico, debe seleccionarse de forma adecuada la dosificación racional y la vía de administración. De acuerdo con la naturaleza farmacocinética y farmacodinámica de un antibiótico, existen tres factores que cumplen un papel importante en la frecuencia de administración:1
Los ATB con dependencia de la concentración son aquellos cuya máxima actividad bactericida se relaciona con concentraciones pico elevada, como los aminoglucósidos y azitromicina, entre otros, lo que permite aumentar su destrucción bacteriana. Estos ATB administrados mediante una infusión en bolo una vez al día, favorecen mayormente a la eliminación del MO.1
Los fármacos antimicrobianos que presentan un efecto post antibiótico (EPA) prolongado requieren de una sola dosis diaria. En esta categoría se incluyen los aminoglucósidos y las fluoroquinolonas, ya que tienen un EPA prolongado contra MO gramnegativos.1
Generalmente el uso prolongado o extenso de ATB indica un uso incorrecto de estos medicamentos, este comportamiento ha sido frecuente en infecciones respiratorias y del tracto urinario bajo.1 Aún cuando no hay indicaciones específicas acerca de la duración apropiada de los tratamientos con antibióticos en pacientes críticos, las pruebas empíricas favorecen que los tratamientos cortos son igual de eficaces que los tratamientos estándares.2
Algunas recomendaciones de los tratamientos con ATB más cortos para infecciones comunes son:
La evidencia encontrada sobre la duración del tratamiento ATB en esta infección es escasa. Sin embargo, en un caso específico de infección urinaria en mujeres no hay hallazgos significativos en las tasas de curación. No obstante, hay menos eventos adversos con el uso de antibióticos durante 3 días frente a 5 días o más.2
El cambio de antibiótico debe realizarse de manera controlada y con criterios médicos claros. Uno de los pasos más importantes consiste en identificar el microorganismo causante de la infección y determinar su sensibilidad frente a diferentes antibióticos. Esta información permite seleccionar un tratamiento más específico y reducir el uso innecesario de medicamentos de amplio espectro.
También es necesario considerar factores relacionados con el paciente, como la edad, enfermedades preexistentes, función renal y hepática, antecedentes de alergias, embarazo o posibles interacciones con otros medicamentos. Todos estos aspectos pueden influir en la elección del nuevo antibiótico y en la dosis adecuada. Además, el cambio debe tener en cuenta elementos farmacológicos como la vía de administración, la frecuencia de las dosis y la capacidad del medicamento para alcanzar el sitio de la infección. Algunos antibióticos dependen de mantener concentraciones constantes en el organismo, mientras que otros requieren alcanzar picos elevados para ser efectivos.
En muchos casos, los especialistas recomiendan realizar una estrategia de desescalamiento terapéutico. Esto significa iniciar con antibióticos de amplio espectro cuando aún no se conoce el microorganismo responsable y, posteriormente, cambiar a un medicamento más específico una vez se obtienen los resultados microbiológicos. Esta práctica ayuda a disminuir la aparición de bacterias resistentes y optimiza el tratamiento. Finalmente, cualquier cambio de antibiótico debe ser monitoreado de forma continua para evaluar la respuesta clínica del paciente y detectar posibles complicaciones o efectos adversos asociados con la nueva terapia.
La modificación del tratamiento ATB empírico de amplio espectro o terapia de escalación se recomienda en tres situaciones:
La decisión de modificar un tratamiento antibiótico se toma partiendo del conocimiento de los resultados de los cultivos realizados previamente y sus antibiogramas, generalmente se da entre las 48 y las 72 horas después. Se recomienda analizar de forma diaria la decisión de modificación mientras el paciente reciba antibióticos de amplio espectro.3
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Dentro de los principales beneficios de una modificación en el tratamiento ATB se encuentra una disminución en la afectación de la mortalidad del paciente, la resistencia a los antibióticos y los costos de la atención.3
Tabla 1: Combinaciones de primera línea para inicio de manejo farmacológico.
Finalmente, es imperativo comprender que la indicación de antibióticos o de un tratamiento es un acto de responsabilidad basado en conocimientos y estudios previos según el caso del paciente, esto con el objetivo de promover una intervención prioritaria con el uso y administración de antibióticos de forma adecuada. Cabe mencionar que la resistencia a los antibióticos no solo se trata de un tema de preocupación en el ámbito médico, sino que también amenaza cada vez más como una causa determinante de mortalidad en los pacientes.
Ahora le preguntamos, ¿cuáles son las bacterias más resistentes a los antibióticos y cómo lo han conseguido? ¿Cuáles son los parámetros farmacológicos para el uso de los antibióticos?, las respuestas a este muchas otras preguntas te las damos en la conferencia: Resistencia bacteriana: entenderla y prevenirla.
Referencias
1. Vera-Carrasco O. NORMAS Y ESTRATEGIAS PARA EL USO RACIONAL DE ANTIBIÓTICOS [Internet]. La Paz: Rev. Méd. La Paz; 2012. [citado el 25 de enero de 2022]; 18(1): 73-81. Disponible en: http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1726-89582012000100012&lng=es