ANALGESIA
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Ejercicio lumbar en el manejo clínico del dolor

Ejercicio lumbar en el manejo clínico del dolor
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11:40

El dolor lumbar continúa siendo una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial y uno de los motivos de consulta más frecuentes en la práctica clínica especializada. Más allá de su elevada prevalencia, el reto real para el médico especialista en dolor no es únicamente aliviar el síntoma, sino restaurar la función, reducir la recurrencia y evitar la cronificación. En este contexto, el ejercicio lumbar ha pasado de considerarse una recomendación general de estilo de vida a consolidarse como una intervención clínica estructurada, con respaldo sólido en guías internacionales y revisiones sistemáticas.

El cambio de paradigma es claro: el manejo moderno del dolor lumbar prioriza estrategias activas, seguras y sostenibles en el tiempo. El ejercicio terapéutico, cuando se prescribe con criterio clínico, dosificación y progresión, actúa no solo sobre el dolor, sino sobre los mecanismos biomecánicos, neuromusculares y psicosociales que perpetúan la discapacidad lumbar. Por esta razón, hoy se considera una herramienta central dentro del enfoque no farmacológico del dolor lumbar, especialmente en escenarios crónicos y recurrentes.

Dolor lumbar: por qué el ejercicio es una intervención clave

Desde la perspectiva clínica, el valor del ejercicio lumbar se apoya en tres pilares: eficacia analgésica moderada pero consistente, mejora funcional significativa y un perfil de seguridad superior al de muchas intervenciones farmacológicas. La evidencia proveniente de revisiones sistemáticas de Cochrane demuestra que la terapia de ejercicio reduce el dolor y la discapacidad en pacientes con dolor lumbar crónico frente a la ausencia de tratamiento o los cuidados habituales, con una magnitud de efecto clínicamente relevante para la práctica diaria (1).

Aunque el ejercicio no ofrece un alivio inmediato comparable al de un analgésico de rescate, su fortaleza radica en la sostenibilidad del beneficio. A diferencia del tratamiento farmacológico, el ejercicio mejora la tolerancia a la carga, la capacidad funcional y el retorno progresivo a la actividad, factores directamente relacionados con la reducción del impacto del dolor lumbar en la calidad de vida y en la utilización de servicios de salud. Por este motivo, el American College of Physicians (ACP) recomienda iniciar el manejo del dolor lumbar agudo, subagudo y crónico con intervenciones no farmacológicas, incluyendo diferentes modalidades de ejercicio, y reservar los fármacos para escenarios de respuesta insuficiente (2).

Las guías del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) refuerzan esta visión al señalar que el dolor lumbar sin patología grave debe manejarse desde un enfoque activo, donde los programas de ejercicio ocupan un rol central, ya sea de manera individual o grupal, y ajustados al riesgo de mala evolución del paciente (3). A esto se suma el excelente perfil de seguridad del ejercicio terapéutico, con eventos adversos mínimos y generalmente limitados a molestias musculares transitorias, en contraste con los riesgos gastrointestinales, cardiovasculares o de dependencia asociados a la farmacoterapia prolongada (1).

¿En qué pacientes están indicados los ejercicios lumbares?

La indicación de ejercicio lumbar no debe formularse de manera indiscriminada, sino basada en una adecuada evaluación clínica. El primer paso es descartar banderas rojas o causas específicas que requieran un abordaje distinto. Una vez descartadas, la mayoría de los pacientes con dolor lumbar son candidatos a intervención activa, independientemente de la etiqueta diagnóstica utilizada.

Dolor lumbar mecánico

El dolor lumbar mecánico se caracteriza por su relación con la postura, el movimiento y la carga, y suele mejorar con el reposo relativo. En ausencia de signos de alarma, el ejercicio está claramente indicado, incluso en fases tempranas. El objetivo clínico es restaurar la capacidad de la columna para tolerar cargas normales mediante el fortalecimiento, la movilidad y el control neuromuscular. Mantener al paciente activo dentro de lo tolerado reduce el desacondicionamiento y previene la progresión hacia la cronicidad, un principio ampliamente respaldado por guías internacionales (2).

Dolor lumbar no específico

El dolor lumbar no específico representa la mayoría de los casos atendidos en consulta. NICE reconoce que este tipo de dolor también se describe como mecánico, musculoesquelético o simple, y recomienda su manejo desde un enfoque conservador centrado en educación, actividad y ejercicio (3). En estos pacientes, el ejercicio no depende de identificar una estructura “culpable”, sino de mejorar la función global, reducir la discapacidad y favorecer la autogestión del dolor. La evidencia respalda que los programas de ejercicio estructurado son efectivos para mejorar dolor y función, especialmente cuando los síntomas persisten más allá de las primeras semanas (1).

Dolor lumbar crónico

En el dolor lumbar crónico, el ejercicio es una intervención prácticamente imprescindible. Las guías del ACP recomiendan de forma explícita priorizar el ejercicio y otras terapias no farmacológicas como primera línea en este grupo de pacientes (2). De manera concordante, la Organización Mundial de la Salud publicó en 2023 sus primeras guías para el manejo del dolor lumbar crónico, enfatizando la necesidad de estrategias activas y no quirúrgicas dentro de la atención primaria y especializada (4). En este contexto, el ejercicio no solo reduce el dolor, sino que aborda la sensibilización central, mejora la función y reduce la dependencia de tratamientos farmacológicos a largo plazo.

Tipos de ejercicios lumbares con mayor respaldo clínico

La literatura científica sugiere que no existe un único tipo de ejercicio claramente superior para todos los pacientes, y que la elección debe individualizarse según el perfil clínico y las preferencias del paciente. Los ejercicios de control motor o estabilización lumbopélvica buscan mejorar la coordinación y el soporte activo de la columna, y han demostrado reducir el dolor y la discapacidad en dolor lumbar crónico, con resultados comparables a otros tipos de ejercicio (5).

El método McKenzie, basado en la preferencia direccional y la centralización de los síntomas, puede ser útil en subgrupos seleccionados, particularmente en pacientes con dolor discogénico. Sin embargo, revisiones Cochrane concluyen que, en dolor lumbar no específico agudo o subagudo, no ofrece beneficios clínicamente relevantes frente a otras intervenciones, lo que refuerza la necesidad de una selección cuidadosa del paciente (6).

Modalidades mente-cuerpo como yoga y tai chi han ganado relevancia en guías clínicas recientes. El ACP las incluye dentro de las opciones recomendadas para el manejo del dolor lumbar crónico (2), y estudios recientes sugieren que el tai chi, con una dosificación adecuada, puede generar mejoras significativas en dolor y función (7). A estas estrategias se suma el ejercicio aeróbico y el fortalecimiento general, que contribuyen a mejorar la resistencia física y la tolerancia a la actividad, y que forman parte de muchos programas recomendados por NICE (3).

Cómo prescribir ejercicios lumbares desde la consulta médica

Prescribir ejercicio lumbar implica aplicar principios similares a los de cualquier intervención terapéutica. El médico debe definir el objetivo clínico, seleccionar el tipo de ejercicio, establecer una frecuencia y duración adecuadas y planificar una progresión gradual. En fases agudas, el foco está en mantener la movilidad y evitar el reposo prolongado. En fases crónicas, el énfasis se traslada hacia la exposición progresiva a la carga y la mejora de la capacidad funcional.

Las guías recomiendan programas estructurados, preferiblemente supervisados al inicio, especialmente en pacientes con alto riesgo de mala evolución, miedo al movimiento o discapacidad significativa (2,3). La progresión debe ser gradual, evitando exacerbaciones sostenidas del dolor, y con reevaluaciones periódicas para ajustar la carga. En pacientes con síntomas neurológicos, la prescripción debe ser más conservadora y acompañarse de vigilancia clínica estrecha.

Ejercicio lumbar vs tratamiento farmacológico

La comparación entre ejercicio y tratamiento farmacológico no debe plantearse como una dicotomía excluyente, sino como una decisión basada en riesgo-beneficio y horizonte terapéutico. El ACP señala que tanto las intervenciones farmacológicas como las no farmacológicas producen mejoras modestas en dolor, pero que el ejercicio ofrece beneficios adicionales en función y seguridad, lo que justifica su uso como primera línea (2).

Mientras los fármacos proporcionan alivio sintomático de corta duración y con riesgos acumulativos, el ejercicio aborda los factores que perpetúan el dolor lumbar, reduce la discapacidad y previene recurrencias. La OMS refuerza este enfoque al recomendar estrategias no farmacológicas como base del manejo del dolor lumbar crónico, reservando otras intervenciones para casos seleccionados (4). Desde esta perspectiva, el ejercicio no solo es una alternativa al tratamiento farmacológico, sino un componente estructural del manejo clínico moderno del dolor lumbar.

Referencias

  1. Cochrane Library. Exercise therapy for chronic low back pain [https://www.cochranelibrary.com/cdsr/doi/10.1002/14651858.CD009790.pub2](https://www.cochranelibrary.com/cdsr/doi/10.1002/14651858.CD009790.pub2)
  2.  Qaseem A, et al. Noninvasive Treatments for Acute, Subacute, and Chronic Low Back Pain: A Clinical Practice Guideline (ACP). Ann Intern Med. 2017. [https://www.acponline.org](https://www.acponline.org)
  3. NICE. Low back pain and sciatica in over 16s: assessment and management (NG59). [https://www.nice.org.uk/guidance/NG59](https://www.nice.org.uk/guidance/NG59)
  4. World Health Organization. WHO releases guidelines on chronic low back pain. 2023. [https://www.who.int/news/item/07-12-2023-who-releases-guidelines-on-chronic-low-back-pain](https://www.who.int/news/item/07-12-2023-who-releases-guidelines-on-chronic-low-back-pain)
  5. Cochrane. Motor control exercise for chronic non-specific low-back pain. [https://www.cochrane.org/evidence/CD012004](https://www.cochrane.org/evidence/CD012004)
  6. Cochrane Library. The McKenzie method for (sub)acute non-specific low back pain. [https://www.cochranelibrary.com/cdsr/doi/10.1002/14651858.CD009711.pub2](https://www.cochranelibrary.com/cdsr/doi/10.1002/14651858.CD009711.pub2)
  7. PLOS ONE. Effects of different parameters of Tai Chi on chronic low back pain. [https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0306518](https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0306518)