En el trasplante hematopoyético (TH), la toxicidad del hierro y el daño acumulado a lo largo del tiempo son relevantes, más allá de la sobrecarga cuantitativa per se (1).
Esta distinción implica que el hierro actúa como un agente biológicamente activo, no como un marcador pasivo de transfusiones previas. La evidencia actual ha permitido identificar diversos mecanismos fisiopatológicos mediante los cuales la sobrecarga férrica puede influir en los desenlaces clínicos del trasplante, incluyendo estrés oxidativo, inflamación y daño del microambiente hematopoyético (2). En este contexto, también se ha propuesto el papel de la ferroptosis, una forma de muerte celular programada dependiente de hierro caracterizada por la acumulación de peróxidos lipídicos y estrés oxidativo celular, que podría vincular el daño del nicho hematopoyético con la toxicidad orgánica observada en otros sistemas. Estos mecanismos biológicos y sus principales consecuencias clínicas en el trasplante hematopoyético se resumen en la Tabla 1 (3).
El hierro libre —específicamente el hierro lábil plasmático (LPI) y el hierro no ligado a transferrina (NTBI)— genera especies reactivas de oxígeno (ROS) mediante la reacción de Fenton [2]. Estas ROS dañan lípidos, proteínas y ADN en las células madre hematopoyéticas (CMH) y en el estroma medular [3]. En modelos murinos, la sobrecarga férrica reduce la capacidad de autorrenovación de las CMH y favorece su senescencia prematura [3]. En humanos, niveles elevados de NTBI durante el acondicionamiento se correlacionan con mayor toxicidad mucosa, hepática y retraso en la engraftment [4].
El hierro libre actúa como nutriente esencial para patógenos como Aspergillus y Yersinia, incrementando el riesgo de infecciones invasivas en el período postrasplante [2]. Los macrófagos cargados de hierro exhiben una polarización hacia un fenotipo M2 antiinflamatorio, con menor capacidad fagocítica y producción deficiente de citoquinas proinflamatorias [2]. Un estudio prospectivo mostró que pacientes con LPI positivo tienen 3,2 veces más riesgo de infección fúngica invasiva y 2,8 veces más mortalidad no relacionada con la recaída [5].
El estrés oxidativo inducido por el hierro activa vías inflamatorias como NF-κB en células dendríticas, potenciando la presentación antigénica y la activación de linfocitos T aloreactivos [2]. Además, el daño endotelial por ROS facilita la migración de células efectoras a tejidos diana, exacerbando la severidad de la EICH gastrointestinal y cutánea [2]. (Ver tabla 1)
Tabla 1. Resumen de los 3 mecanismos del impacto tóxico del hierro
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Mecanismo |
Mediador Principal |
Proceso Biológico |
Impacto Clínico |
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1. Daño al Nicho |
Hierro Libre (LPI/NTBI) |
Generación de ROS mediante reacción de Fenton; daño al ADN y lípidos. |
• Retraso en el engraftment. • Senescencia de células madre. • Mayor toxicidad mucosa y hepática. |
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2. Disfunción Inmune |
Hierro como nutriente |
Polarización de macrófagos hacia fenotipo M2 (antiinflamatorio/ineficaz). |
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3. Exacerbación EICH |
Vía NF-κB |
Activación de células dendríticas y mayor migración de linfocitos T. |
• Mayor severidad de EICH gastrointestinal y cutánea. • Daño al endotelio vascular. |
Entre las consecuencias clínicas asociadas con la sobrecarga férrica en el trasplante hematopoyético, la mortalidad no relacionada con la recaída (NRM) constituye uno de los desenlaces de mayor relevancia para la práctica clínica. Este indicador refleja las muertes atribuibles a complicaciones del trasplante, tales como infecciones graves, toxicidad orgánica, enfermedad injerto contra huésped y daño endotelial sistémico, excluyendo la recurrencia de la enfermedad hematológica subyacente. Diversos estudios han demostrado que niveles elevados de ferritina o de hierro plasmático lábil antes del trasplante se asocian con un incremento significativo de la NRM, lo que sugiere que la toxicidad mediada por hierro puede contribuir de forma directa al riesgo de complicaciones potencialmente fatales en el periodo postrasplante (2,4).
La relación causal entre hierro y desenlaces adversos está respaldada por datos prospectivos. El estudio ALLIVE demostró que el LPI positivo antes del trasplante se asocia con una mortalidad no relacionada con la recaída del 42% a los 2 años, frente al 18% en pacientes con LPI negativo [5]. La ferritina sérica >1500 ng/mL, aunque menos específica, también predice mayor toxicidad, retraso en la engraftment y menor supervivencia global [2]. La reducción del hierro mejora los resultados. La quelación con deferasirox tras el trasplante normaliza los niveles de ferritina y mejora la hematopoyesis residual en pacientes con anemia aplásica [6]. No obstante, el momento óptimo para iniciar la quelación sigue siendo objeto de discusión. Los datos del estudio ALLIVE sugieren que la presencia de hierro plasmático lábil antes del trasplante se asocia con mayor riesgo de complicaciones tempranas y mortalidad no relacionada con la recaída, lo que respalda considerar estrategias de reducción de hierro en el periodo pre-trasplante en pacientes con sobrecarga significativa, mientras que la intervención post-trasplante puede contribuir a la recuperación hematopoyética y a la normalización de los depósitos férricos [5,6]. En niños y adultos, la prevalencia de sobrecarga férrica post-trasplante supera el 60%, y su manejo temprano es clave para optimizar la recuperación funcional [7].
El hierro no es solo un parámetro bioquímico; es un determinante biológico del éxito del trasplante. La integración de biomarcadores dinámicos (LPI, NTBI) y la quelación dirigida permiten intervenir antes de que el daño sea irreversible. Como lo demuestran los estudios clínicos, reducir la carga férrica mejora la hematopoyesis y disminuye infecciones y falla del injerto [5,6]. En la era de la medicina de precisión en trasplante, el hierro merece atención tan rigurosa como la compatibilidad HLA o la profilaxis de EICH.
Referencias
1. Angelucci E. Iron toxicity and hematopoietic cell transplantation: do we understand why iron affects transplant outcome? Hematology, ASH Educ Program. 2025;2025(1):96–102. Disponible en: https://ashpublications.org/hematology/ article-abstract/2025/1/96/556837/Iron-toxicity-and-hematopoietic-cell?redirectedFrom=fulltext