La Trombocitemia Esencial (TE) forma parte del grupo de las neoplasias mieloproliferativas crónicas, y representa un desafío contante en la práctica clínica. Se caracteriza por la proliferación clonal de células madre, lo cual resulta en hiperplasia megacariocítica y finalmente en eventos trombóticos.
La TE, tiene un curso clínico insidioso, pero con riesgos subyacentes importantes: pueden presentarse trombosis severas, episodios hemorrágicos e incluso a largo plazo puede darse la transformación de la enfermedad a mielofibrosis (1).
De forma tradicional, se han utilizado modelos como el IPSET y el IPSET-T para estratificar el riesgo de los pacientes con TE y así guiar decisiones terapéuticas; sin embargo, estas herramientas cuentan con importante limitante como el estatus de mutaciones que, en algunos contextos de la práctica clínica pueden representar una barrera económica y logística importante (1).
¿Qué sucedería si pudiéramos predecir la supervivencia y el riesgo trombótico con una alta precisión, eliminando esos limitantes, utilizando únicamente parámetros del hemograma? La respuesta yace en la intersección entre la inflamación y la respuesta inmune del paciente. (Figura 1)
En las neoplasias mieloproliferativas, la inflamación crónica juega un rol fundamental para la evolución clonal y el estado protrombótico. Diferentes publicaciones recientes han arrojado luz sobre el papel del índico neutrófilo-linfocito (NLR) y el recuento absoluto de monocitos (2).
En un estudio publicado por Ripamonti et al. Demostró que el NLR refleja el desequilibrio entre la inflamación sistémica y la inmunidad adaptativa. En la cohorte de pacientes con TE evaluada, un NLR ≥ 4 al momento del diagnóstico se asoció de forma independiente con un mayor riesgo de trombosis arterial, mientras que valores ≥ 5 predecían eventos trombóticos venosos (2). El NLR al ser un marcador simple, económico y encontrarse universalmente disponible, se perfila como un integrador vital al momento de medir el riesgo trombótico en TE.
A su vez, los monocitos juegan un papel clave en la hiperinflamación, en un estudio publicado realizado por Tefferi et al. Demostraron que la monocitosis (recuento absoluto de monocitos ≥ 0.8 × 10⁹/L) es un factor de riesgo independiente para la supervivencia en la TE. Esta alteración cuantitativa refleja una carga de enfermedad más agresiva y una mayor probabilidad complicaciones a largo plazo (3).
En este contexto, un estudio reciente liderado por Özge Sönmez y publicado en Blood Advances, evaluó una innovadora y simplificada herramienta pronóstica: el modelo triple AAA. Este modelo usa 3 variables que son universalmente accesibles (1):
El estudio fue de un diseño retrospectivo, que analizó a 565 pacientes de centros hematológicos en Turquía. El modelo triple A, estratificó a los pacientes en cuatro grupos de riesgo: bajo, intermedio-1, intermedio-2 y alto. Los resultados fueron favorables, la supervivencia global fue inferior en el grupo de alto riesgo (mediana de supervivencia de 8.7 años) frente a la supervivencia de grupos de bajo riesgo. Mas importante aún, según el Criterio de Información de Akaike (AIC), el modelo Triple A demostró ser superior en la predicción del riesgo de mortalidad y de trombois, comparado con el IPSET y al IPSET-T revisado (1)
Aunque los resultados del modelo Triple A son contundentes, los investigadores buscaron perfeccionarlo incorporando la evidencia sobre marcadores inflamatorios como la monocitosis basal aumentaba significativamente el riesgo de mortalidad (HR 1.79, p=0.033) (1).
Este no es un hallazgos aislado, otro estudio publicado el Blood Cancer Journal, demostró que en pacientes con TE, un NLR ≥2 también tuvo una asociación estadísticamente significativa con la mortalidad por todas las causas (4).
En el mismo estudio, se realizó un análisis de regresión multivariante, en donde los autores reemplazaron el recuento de neutrófilos y linfocitos por el cálculo directo del NLR, y le adicionaron el recuento de monocitos.
Este nuevo modelo basdo en NLR, recuento de monocitos y la edad, obtuvo un valor AIC aún menor (578.293 frente a los 583.369 del Triple A original), indicando un precisión predictiva superior, con una capacidad de diferenciar de forma altamente significativa el riesgo de mortalidad entre los grupos (1).
La evidencia descrita, resalta una transición necesaria en la hematología moderna: el acceso al pronóstico. Si bien l evaluación del estado mutacional (JAK2, CALR, MPL) sigue siendo un pilar diagnóstico insustituible, la estratificación del riesgo a largo plazo ya no requiere estar limitada por los costos de los paneles moleculares.
La implementación del modelo triple A, o sus variantes mejoradas como AAA+A o modelos basados en el NLR, ofrece a los médicos internistas y hematólogos prácticas inmediatas y altamente predictivas. Con solo evaluar la edad del paciente, el diferencial de leucocitos y de monocitos en un hemograma, podemos identificar de forma tempana a aquellos pacientes que tienen un alto riesgo de mortalidad y trombosis, permitiendo ajustar la terapia citorreductora y el manejo de factores de riesgo (1).
1. Sönmez, Özge, et al. “A Practical Tool for Predicting Outcomes in Essential Thrombocythemia: Triple A Risk Model and Beyond.” Blood Advances, vol. 10, no. 4, Feb. 2026, pp. 1250–59. DOI.org (Crossref), https://doi.org/10.1182/bloodadvances.2025017896.
2. Ripamonti, Alessia, et al. “Neutrophil‐to‐lymphocyte Ratio (NLR) at Diagnosis in Essential Thrombocythemia: A New Promising Predictor of Thrombotic Events.” Cancer, vol. 131, no. 1, Jan. 2025, p. e35638. DOI.org (Crossref), https://doi.org/10.1002/cncr.35638.
3. Tefferi, Ayalew. “Monocytosis Is an Independent Risk Factor for Survival in Essential Thrombocythemia - a Revised Triple-a Prognostic Score (AAA+A) Based on Age and Absolute Monocyte, Neutrophil, and Lymphocyte Counts.” 2024, 66th ASH Annual Meeting. ash.confex.com, https://ash.confex.com/ash/2024/webprogram/Paper193907.html
4. Larsen, Morten Kranker, et al. “Neutrophil-to-Lymphocyte Ratio and All-Cause Mortality with and without Myeloproliferative Neoplasms—a Danish Longitudinal Study.” Blood Cancer Journal, vol. 14, no. 1, Feb. 2024, p. 28. DOI.org (Crossref), https://doi.org/10.1038/s41408-024-00994-z.